LA ALMADRABA

La Almadraba

 

Ya en la antigüedad, la pesca aparece como una de las actividades características del litoral. Durante siglos la pesca tradicional se desenvolvió como una de las pocas actividades capaces de asentar población en un medio como el litoral, percibido como poco favorable.

 

La zona del Estrecho fue la elegida por los colonos y comerciantes fenicios para instalar sus factorías. Ellos fueron quienes, hace ahora casi tres milenios, industrializaron la pesca del atún, fundando en las costas atlánticas del Estrecho, ciudades como Gadir, Lixus, Puerto de Menesteo, etc., desde donde establecieron contactos con las poblaciones autóctonas.

 

Con la llegada del Imperio Romano, los pescadores, desde bien temprano, iban a la mar y volvían con las bodegas cargadas de pescado. La pesca de las almadrabas y los viajes a los caladeros norteafricano propician el primer jalón del pasado de las tierras del golfo de Cádiz.

 

En el siglo VIII se produjo la invasión árabe-bereber, se desconoce hasta que punto los musulmanes continuaron o pusieron en práctica la vieja economía de producción inaugurada por los fenicios. De lo que no hay duda es que siguieron capturando el atún en estas aguas, tal como había venido haciéndose desde siglos, incluso variando los términos lingüísticos usados en el argot de esta pesca; la misma palabra almadraba es un legado más de entre los muchos tecnicismos que debemos a los seguidores del Islam.

 

Expulsados definitivamente los musulmanes de España, la inseguridad en la costa se acentúa si cabe aún más. La inseguridad en esta costa fue tal, que pocos se aventuraban no ya a poblarla, incluso a circular por ella. De modo que los duques de la Casa de Medina Sidonia, con dominios por toda la comarca y encargados de la explotación, por aquellos entonces de la actividad almadrabera (del siglo XIII al siglo XIX), se vieron obligados a reclutar y emplear a gente perdida para otros menesteres en ciudades como Sevilla o Córdoba, la mayoría convictos de robos y crímenes.

 

Es aquí cuando empieza la fama de picardía con que se conocerá tradicionalmente a las almadrabas de la costa atlántica gaditana, pese a la cual los duques obtuvieron unos rendimientos que hicieron de su Casa una de las más ricas de España, por ello, para salvaguardar a personas y enseres, mandaron construir a mediados del siglo XVI, infraestructuras que componen hoy un insustituible legado en muchas de estas poblaciones, cuyo paisaje debe parte de sus elementos más prominentes a esta modalidad pesquera: una de éstas son las chancas, edificios en los que se realizaba el procesado del atún y donde se ejecutaban tareas administrativas; las torres vigía que punteaban el litoral andaluz y eran utilizadas para el avistamiento de las "tropas de atunes" que se acercaban al Estrecho para la freza, o incluso el conjunto de viviendas que habitaban los trabajadores y trabajadoras durante las temporadas. Casos como el de la chanca de Conil, como el del castillo de Zahara o como el real de la almadraba de Nueva Umbría. También se construyeron atalayas y torretas para la vigilancia a lo largo de todo el litoral

Barbate, Conil, Zahara, Tarifa... tal y como las conocemos hoy, echan sus raíces a mitad del siglo XVIII y es a finales del siglo XIX cuando pasan de ser pequeñas y humildes aldeas a multiplicarse casi por veinte sus poblaciones produciéndose un auge socioeconómico desorbitado en la zona, debido a la primera eclosión industrial en España, ya que ofrecían recursos inexplotados para los más emprendedores.

 

Al inicio del siglo XX, durante los años 1928 y 1970, de la importancia de esta pesquería almadrabera da una idea la existencia del Consorcio Nacional Almadrabero, resultado de la unión de las empresas almadraberas andaluzas, que construyó y gestionó poblados almadraberos, como antes hicieron los duques de Media Sidonia, éstos se volvieron a repoblar con trabajadores tanto de las faenas de pesca como de las actividades anexas, fundamentalmente de las fábricas de salazón y de conservas de atún. Pero esta actividad no duró mucho tiempo, pues al alto coste fijo que conlleva una almadraba y el gran número de personal que es necesario para su funcionamiento, unido al descenso de la pesca, hizo que en 1970 el Consorcio Nacional Almadrabero entrara en decadencia por la falta de beneficios y se llegara a casi la desaparición total de las Almadrabas. Con lo cual toda la prosperidad de estos pueblos vecinos del Estrecho, se verá truncada.

 

Al ser estas las faenas que habían dado lugar al nacimiento de estos pueblos y los habían hecho crecer, se encontraron con que sus tradicionales fuentes de riqueza les fallaban, fueron desapareciendo la mayor parte de las fábricas dedicadas a las conservas y salazones del pescado, de las que uno de los pueblos, Barbate, llegó a tener hasta veinte.

 

En la década de los 80 vuelve a resurgir la actividad almadrabera en manos de empresas privadas, que comienzan haciendo grandes inversiones en material y mano de obra, pero veían que todos sus esfuerzos no eran suficientes para el mantenimiento de la actividad, así que optaron por buscar nuevas vías de comercialización y aventurarse a comercializar en Japón. Siendo los almadraberos los primeros pescadores de España que exportaron su producto a Japón.

 

 

 

 

 

 

 

Hoy día, las almadrabas generan en el sur de España un empleo estable y casi nula siniestralidad, siendo las cuatro mencionadas con anterioridad (Conil, Barbate, Zahara y Tarifa), las que se encuentran aún en funcionamiento, habiendo desaparecido de las costas andaluzas todas las de la costa onubense, las del litoral almeriense, malagueño, y la de Bolonia en la zona atlántica gaditana, con lo cual estas cuatro del Golfo de Cádiz son las que dan empleo a unas 500 personas directamente y unas 200 de forma indirecta.

 

 

..... Tradición milenaria

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